TÍTULO: EL NEGOCIO DEL MATRIMONIOAUTOR: Paula Szuchman y Jenny Anderson
RESUMEN DEL LIBRO
Todos andamos escasos de tiempo, energía, dinero y libido. En un mundo de recursos tan limitados, ¿cómo sacar adelante una empresa tan compleja como el matrimonio? Paula Szuchman y Jenny Anderson tienen la respuesta: aplicando las soluciones lógicas y desapasionadas de la economía a un terreno tradicionalmente dominado por la irracionalidad, la falta de lógica y la emoción.
El camino más corto hacia la felicidad conyugal, afirman las autoras, pasa por aprender algunos principios básicos de economía, como por ejemplo, pensar en términos de costes y beneficios. Si te estás planteando, pongamos por caso, irte de vacaciones con tus amigos, analiza antes el precio a pagar: una esposa enojada, unos hijos añorados, un crédito que arrastrarás varios meses... O recuerda otro principio básico de la economía: a mayor oferta, mayor demanda. Un encuentro sexual rápido e improvisado (un sexo asequible en términos de tiempo y energía) te reportará más beneficios a la larga que aguardar tres semanas a que llegue la gran ocasión.
¿Te has planteado que tras muchas de tus discusiones conyugales puede ocultarse otro principio económico, el de la aversión a la pérdida? Cuando estés inmerso en una disputa, detente y espera a que los ánimos se hayan enfriado. A veces, empeñarse en ganar a toda costa no es lo más inteligente.
También puedes aprender de los grandes empresarios a no pecar de exceso de confianza. Invierte diariamente en tu negocio: tu matrimonio . Jamás des las cosas por sentadas o pienses que tu relación está libre de fracasar.
¿Y cuáles son los beneficios de aplicar la sabiduría de los grandes pensadores de la economía a tus relaciones? Disfrutar del sexo más a menudo, sobrevivir a las crisis, ser capaz de negociar mejor, lavar menos platos y, lo creas o no, conseguir que tu pareja haga cosas que nunca ha hecho, como limpiar el baño. O escuchar.
Primero la economía, luego el amor. Gracias a la economía, desmitificarás de una vez por todas las diferencias inevitables que surgen en el matrimonio, y conseguirás que la relación sea más satisfactoria para los dos.
El camino más corto hacia la felicidad conyugal, afirman las autoras, pasa por aprender algunos principios básicos de economía, como por ejemplo, pensar en términos de costes y beneficios. Si te estás planteando, pongamos por caso, irte de vacaciones con tus amigos, analiza antes el precio a pagar: una esposa enojada, unos hijos añorados, un crédito que arrastrarás varios meses... O recuerda otro principio básico de la economía: a mayor oferta, mayor demanda. Un encuentro sexual rápido e improvisado (un sexo asequible en términos de tiempo y energía) te reportará más beneficios a la larga que aguardar tres semanas a que llegue la gran ocasión.
¿Te has planteado que tras muchas de tus discusiones conyugales puede ocultarse otro principio económico, el de la aversión a la pérdida? Cuando estés inmerso en una disputa, detente y espera a que los ánimos se hayan enfriado. A veces, empeñarse en ganar a toda costa no es lo más inteligente.
También puedes aprender de los grandes empresarios a no pecar de exceso de confianza. Invierte diariamente en tu negocio: tu matrimonio . Jamás des las cosas por sentadas o pienses que tu relación está libre de fracasar.
¿Y cuáles son los beneficios de aplicar la sabiduría de los grandes pensadores de la economía a tus relaciones? Disfrutar del sexo más a menudo, sobrevivir a las crisis, ser capaz de negociar mejor, lavar menos platos y, lo creas o no, conseguir que tu pareja haga cosas que nunca ha hecho, como limpiar el baño. O escuchar.
Primero la economía, luego el amor. Gracias a la economía, desmitificarás de una vez por todas las diferencias inevitables que surgen en el matrimonio, y conseguirás que la relación sea más satisfactoria para los dos.
Fuente: El negocio del matrimonio
Anoche, Robert, un guapo empresario de San Francisco, de 38 anos, quería tener relaciones sexuales. Habían sido dos semanas difíciles: un inversor importante para su empresa de bebidas energéticas se había rajado, su director de marketing se había marchado con una nueva empresa rival y, esta tarde, el proveedor de su ingrediente balines secreto había amenazado con doblar su cálculo de costes.
Joanne, la esposa de Robert, no estaba ni de lejos de humor para actividad sexual. Estaba muerta. Se había pasado el día en teleconferencias con agentes gruñones de Nueva York, no había almorzado, por poco no se incrustar en la parte trasera de un Escalada cuando iba a toda prisa a recoger a sus hijos para llevarlos al entrenamiento de futbol, y aun tenía un montón de facturas atrasadas por pagar. Quería ver la reposición de 24, comerse unas galletas vanadas en chocolate e irse a la cama.
.Debería Joanne haberse acostado con Robert? Robert diría que sí. Es su esposa, por todos los santos... ese fue el contrato que firmo. .Es demasiado pedirle a su propia esposa que acepte fornicar con él, de vez en cuando, cuando el está con los nervios de punta y la última vez que lo hicieron fue hace tres semanas? .Es que no entiende que el tiene necesidades? Las amigas de Joanne, si se lo preguntaran, dirían que ni loca; no tiene que consentir cada vez que Robert llama a la puerta. No es una concubina de su harén. Tiene que fijar límites, escuchar lo que le dice su propia libido.
.Es que él no se da cuenta de que también ella ha tenido un día duro? Pero hay una tercera respuesta a esta cuestión: la respuesta del economista.
El economista le aconsejaría a Joanne que se olvidara de todos los resentimientos y dejara de llevar la cuenta, ese asunto de quien esta mas cansado y quien menos caliente, y no complicara las cosas, aplicando un análisis básico de coste-beneficio: .el coste marginal de acostarse con Robert —nueve minutos de sueño, una tercera galleta— superaría los beneficios —un orgasmo, un marido feliz, un hogar en paz?* Bienvenidos a El negocio del matrimonio: el arte de utilizar la economía para minimizar los conflictos y maximizar los beneficios en la mayor inversión de la vida: tu matrimonio.
¿Por qué economía y no, por ejemplo, aromaterapia?
Muchas personas piensan que la economía es algo aburrido, confuso y sin ninguna relación con su vida diaria. No se equivocan del todo. Por alguna razón se dice que es ≪la ciencia deprimente≫. Es cierto que, como es bien sabido, los economistas han escrito trabajos plagados de ecuaciones impenetrables, letras griegas y palabras como ≪autarky≫ (autarquía) ≪satisficing ≫ (satisfaciente) y ≪monopsony≫ (monopsonio).** Pero eso es solo para que nadie entienda lo que dicen.
En lo fundamental, la economía es mucho más sencilla. Es el estudio de como las personas, las empresas y las sociedades asignan unos recursos escasos. Que da la casualidad de que es el mismo rompecabezas que tú y tu cónyuge estáis tratando de resolver constantemente: cómo gastar vuestro limitado tiempo, energía, dinero y libido de tal forma que no perdáis la sonrisa y que vuestro matrimonio vaya de maravilla.
Piensa en ello: aquí estáis, dos adultos ambiciosos, aferrados a vuestras ideas y exhaustos, tratando de vivir juntos en la misma casa, prosperar juntos, quizá criar juntos a unos hijos y, con suerte, encontrar placer en pasar el resto de vuestros días juntos. No es fácil. A todos los efectos y propósitos, vuestro matrimonio es una empresa, una empresa que prospera en los buenos momentos, pero que, en otros, es como correr un maratón a la mañana siguiente de una noche con demasiadas copas en el cuerpo.
Más parece un trabajo.
Todo tipo de trabajo.
Esta el trabajo administrativo necesario para mantener cierta apariencia de hogar, lo cual es mucho más complicado cuando hay dos personas involucradas. Uno puede recoger todas sus cosas, por ejemplo, mientras el otro deja un rastro de corazones de manzana, camas sin hacer y ropa deportiva sudada por donde pasa. Si hay niños, entonces alguien tiene que asegurarse de que han hecho los deberes y han cenado, se han puesto el pijama y están en la cama a las siete. Y, a veces, inesperadamente, ese alguien tiene que hacerlo solo porque la otra persona ha decidido aprovechar la ≪hora feliz≫ con sus amigos del trabajo, y la hora feliz se convierte en una cena, que acaba siendo un torneo nocturno de cerveza y el juego que sea.
Esta el trabajo emocional que resulta de vivir con alguien que no eres tú y que, por lo tanto, tiene preferencias y modos de comunicarse diferentes de los tuyos. Puede que ella prefiera hablar tres días seguidos si eso es lo que se necesita para solucionar una discusión, mientras que tú preferirías llenarte los bolsillos de granito y hundirte en el mar. A el podría gustarle ir de acampada y a ti la opera y, dado que solo hay un fin de semana libre para hacer algo divertido juntos, uno de los dos cede, o los dos os quedáis en casa y veis algún programa en la tele.
Están las pequeñas cosas; la tarea de llegar a un compromiso sobre la casa perfecta, de calcular de donde recortar gastos cuando hay poco dinero, de decidir si es cruel ponerle a vuestra primera hija el nombre de la tía Angustias. Y las grandes cosas: el trabajo de ser amables el uno con el otro después de una pelea terrible cuando os dijisteis cosas mezquinas, de quedaros levantados toda la noche preocupados por si tomasteis la decisión acertada al trasladaros a la ciudad para el nuevo empleo de ella, o dejar que sea él quien castigue a los niños, elegir tus guerras, de encontraros a mitad de camino, de dejar correr las cosas.
Manejar todo este trabajo exige echar mano de esos escasos recursos de que hablábamos antes. Encontrar el tiempo, hacer acopio de energía, sentir el cariño, sopesar el precio de ser flexible y el beneficio de mantenerse firme.
Aquí es donde viene bien un poco de saber económico. Pensando como un economista, puedes tener un matrimonio que no solo exige menos trabajo, sino que parece como unas vacaciones del trabajo. El truco es a) potenciar esos preciosos recursos y b) asignarlos de forma más inteligente.
Hazlo y, antes de darte cuenta, iras de camino a un mejor rendimiento de tu matrimonio.
Creemos en la economía porque no discrimina entre sexos, entre quien ≪tiene razón≫ y quien ≪esta equivocado≫, quien se comunica mejor y quien habla peor. No te habla en tono condescendiente ni trata de psicoanalizarte.
No le importa quién gano la última pelea ni a quien le toca manejar el mando a distancia. En cambio, ofrece soluciones lógicas y desapasionadas para lo que, con frecuencia, pueden parecer disputas domesticas espinosas, ilógicas y muy emocionales.
En este libro te ensenaremos a aplicar principios económicos básicos para sacar el máximo provecho de tus recursos. Y eso significa tener más relaciones sexuales, fregar menos platos, discutir con más eficacia, tener más relaciones sexuales, sobrevivir a los anos de vacas flacas, negociar con mas éxito, tener más relaciones sexuales y, lo creas o no, lograr que tu cónyuge haga cosas que nunca ha hecho antes, como (el) limpiar las canaletas del tejado. O (ella) escuchar.
Joanne, la esposa de Robert, no estaba ni de lejos de humor para actividad sexual. Estaba muerta. Se había pasado el día en teleconferencias con agentes gruñones de Nueva York, no había almorzado, por poco no se incrustar en la parte trasera de un Escalada cuando iba a toda prisa a recoger a sus hijos para llevarlos al entrenamiento de futbol, y aun tenía un montón de facturas atrasadas por pagar. Quería ver la reposición de 24, comerse unas galletas vanadas en chocolate e irse a la cama.
.Debería Joanne haberse acostado con Robert? Robert diría que sí. Es su esposa, por todos los santos... ese fue el contrato que firmo. .Es demasiado pedirle a su propia esposa que acepte fornicar con él, de vez en cuando, cuando el está con los nervios de punta y la última vez que lo hicieron fue hace tres semanas? .Es que no entiende que el tiene necesidades? Las amigas de Joanne, si se lo preguntaran, dirían que ni loca; no tiene que consentir cada vez que Robert llama a la puerta. No es una concubina de su harén. Tiene que fijar límites, escuchar lo que le dice su propia libido.
.Es que él no se da cuenta de que también ella ha tenido un día duro? Pero hay una tercera respuesta a esta cuestión: la respuesta del economista.
El economista le aconsejaría a Joanne que se olvidara de todos los resentimientos y dejara de llevar la cuenta, ese asunto de quien esta mas cansado y quien menos caliente, y no complicara las cosas, aplicando un análisis básico de coste-beneficio: .el coste marginal de acostarse con Robert —nueve minutos de sueño, una tercera galleta— superaría los beneficios —un orgasmo, un marido feliz, un hogar en paz?* Bienvenidos a El negocio del matrimonio: el arte de utilizar la economía para minimizar los conflictos y maximizar los beneficios en la mayor inversión de la vida: tu matrimonio.
¿Por qué economía y no, por ejemplo, aromaterapia?
Muchas personas piensan que la economía es algo aburrido, confuso y sin ninguna relación con su vida diaria. No se equivocan del todo. Por alguna razón se dice que es ≪la ciencia deprimente≫. Es cierto que, como es bien sabido, los economistas han escrito trabajos plagados de ecuaciones impenetrables, letras griegas y palabras como ≪autarky≫ (autarquía) ≪satisficing ≫ (satisfaciente) y ≪monopsony≫ (monopsonio).** Pero eso es solo para que nadie entienda lo que dicen.
En lo fundamental, la economía es mucho más sencilla. Es el estudio de como las personas, las empresas y las sociedades asignan unos recursos escasos. Que da la casualidad de que es el mismo rompecabezas que tú y tu cónyuge estáis tratando de resolver constantemente: cómo gastar vuestro limitado tiempo, energía, dinero y libido de tal forma que no perdáis la sonrisa y que vuestro matrimonio vaya de maravilla.
Piensa en ello: aquí estáis, dos adultos ambiciosos, aferrados a vuestras ideas y exhaustos, tratando de vivir juntos en la misma casa, prosperar juntos, quizá criar juntos a unos hijos y, con suerte, encontrar placer en pasar el resto de vuestros días juntos. No es fácil. A todos los efectos y propósitos, vuestro matrimonio es una empresa, una empresa que prospera en los buenos momentos, pero que, en otros, es como correr un maratón a la mañana siguiente de una noche con demasiadas copas en el cuerpo.
Más parece un trabajo.
Todo tipo de trabajo.
Esta el trabajo administrativo necesario para mantener cierta apariencia de hogar, lo cual es mucho más complicado cuando hay dos personas involucradas. Uno puede recoger todas sus cosas, por ejemplo, mientras el otro deja un rastro de corazones de manzana, camas sin hacer y ropa deportiva sudada por donde pasa. Si hay niños, entonces alguien tiene que asegurarse de que han hecho los deberes y han cenado, se han puesto el pijama y están en la cama a las siete. Y, a veces, inesperadamente, ese alguien tiene que hacerlo solo porque la otra persona ha decidido aprovechar la ≪hora feliz≫ con sus amigos del trabajo, y la hora feliz se convierte en una cena, que acaba siendo un torneo nocturno de cerveza y el juego que sea.
Esta el trabajo emocional que resulta de vivir con alguien que no eres tú y que, por lo tanto, tiene preferencias y modos de comunicarse diferentes de los tuyos. Puede que ella prefiera hablar tres días seguidos si eso es lo que se necesita para solucionar una discusión, mientras que tú preferirías llenarte los bolsillos de granito y hundirte en el mar. A el podría gustarle ir de acampada y a ti la opera y, dado que solo hay un fin de semana libre para hacer algo divertido juntos, uno de los dos cede, o los dos os quedáis en casa y veis algún programa en la tele.
Están las pequeñas cosas; la tarea de llegar a un compromiso sobre la casa perfecta, de calcular de donde recortar gastos cuando hay poco dinero, de decidir si es cruel ponerle a vuestra primera hija el nombre de la tía Angustias. Y las grandes cosas: el trabajo de ser amables el uno con el otro después de una pelea terrible cuando os dijisteis cosas mezquinas, de quedaros levantados toda la noche preocupados por si tomasteis la decisión acertada al trasladaros a la ciudad para el nuevo empleo de ella, o dejar que sea él quien castigue a los niños, elegir tus guerras, de encontraros a mitad de camino, de dejar correr las cosas.
Manejar todo este trabajo exige echar mano de esos escasos recursos de que hablábamos antes. Encontrar el tiempo, hacer acopio de energía, sentir el cariño, sopesar el precio de ser flexible y el beneficio de mantenerse firme.
Aquí es donde viene bien un poco de saber económico. Pensando como un economista, puedes tener un matrimonio que no solo exige menos trabajo, sino que parece como unas vacaciones del trabajo. El truco es a) potenciar esos preciosos recursos y b) asignarlos de forma más inteligente.
Hazlo y, antes de darte cuenta, iras de camino a un mejor rendimiento de tu matrimonio.
Creemos en la economía porque no discrimina entre sexos, entre quien ≪tiene razón≫ y quien ≪esta equivocado≫, quien se comunica mejor y quien habla peor. No te habla en tono condescendiente ni trata de psicoanalizarte.
No le importa quién gano la última pelea ni a quien le toca manejar el mando a distancia. En cambio, ofrece soluciones lógicas y desapasionadas para lo que, con frecuencia, pueden parecer disputas domesticas espinosas, ilógicas y muy emocionales.
En este libro te ensenaremos a aplicar principios económicos básicos para sacar el máximo provecho de tus recursos. Y eso significa tener más relaciones sexuales, fregar menos platos, discutir con más eficacia, tener más relaciones sexuales, sobrevivir a los anos de vacas flacas, negociar con mas éxito, tener más relaciones sexuales y, lo creas o no, lograr que tu cónyuge haga cosas que nunca ha hecho antes, como (el) limpiar las canaletas del tejado. O (ella) escuchar.
(Fragmento extraído del libro)

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